Hernán Casciari, la reinvención editorial

Hernan CasciariArticulista, bloguero, escritor, creador y editor de la revista Orsai, Hernán Casciari (Mercedes 1971) ha revolucionado el mundo digital con sus propuestas editoriales. Cansado de los devaneos constantes de los empresarios de los grandes medios de comunicación que priorizaban la entrada de dinero sobre el texto, Casciari inició el blog Orsai (2003) donde colgar sus artículos sin restricciones. Sus seguidores continuaron en la brecha y lo acompañaron en su nueva etapa y vivieron con entusiasmo la reconversión del blog en una revista sin publicidad y sin intermediarios (2010). La revista se inició como un experimento entre amigos por un tiempo y pronto consiguió y superó las expectativas marcadas por sus creadores. Y ahí siguen…

David Martínez (D.M.)-Ya hace tres años del inicio de la revista Orsai. ¿Cuál es tu valoración del proyecto hasta ahora?

Hernán Casciari (H.C.) -Hasta ahora lo que voy notando, cada vez con más certeza, es que para nosotros empezó siendo como una aventura y se ha convertido en una universidad increíblemente veloz sobre edición y sombre cómo armar un proyecto editorial, en estos tiempos. Cuando empezamos pensábamos hacer cuatro números en un año, una experiencia trimestral que empezara y terminara. Pero nunca sospechamos que podríamos seguir, pero pasaron dos cosas en medio: Nos empezamos a divertir con el proyecto y encontramos que había muchos más lectores interesados de lo que sospechábamos. Y después del primer año, aquella diversión pasó al terreno de un aprendizaje muy fuerte ya que empezamos a trabajar con colaboradores que saben muchísimo más que nosotros de hacer esto y gracias a ellos de a poquito nosotros también empezamos a aprender a hacerlo un poco mejor. Mi sensación, y para resumir la pregunta,  es la de haber entrado a una universidad personalizada donde estamos constantemente aprendiendo.

D.M. -El proyecto se inició con un grupo de amigos ¿El trabajar tanto tiempo juntos os ha unido o distanciado?

H.C. -Nosotros intentamos casi con tanta fuerza como la de hacer un producto digno,  intentamos  divertirnos en cada número, que no nos resulte estresante. Me da la impresión que el estrés, en un proyecto editorial, tiene que ver con el hecho que hay dinero que haya por medio. Eso pasaba en el siglo XX en las editoriales, los programas de radio, o donde fuera, con la publicidad. Necesitabas el 70% del tiempo dedicado a que no se cayera la publicidad para poder sostener el proyecto. El estrés pasa por ahí. Una vez te sacás de encima eso, ser un medio sin ningún tipo de publicidad, o subsidio de la Fundación Cultural  Banco Nosequé o de un Gobierno, municipio,…Cuando te sacas de encima toda esa gente externa que va decidir por vos si podés seguir o no haciendo algo, a mi me parece que lo único que queda es diversión.

Nosotros pensábamos exclusivamente en cosas divertidas y ni se intensificó la amistad ni se distanció. Seguimos haciendo sobremesa igual que cuando teníamos 15 años, sólo que ahora las podemos plasmar en una revista, pero no cambió nada.

D.M. -Y para el que no lo conozca aún, ¿Cómo definirías Orsai?

H.C. -Yo pongo siempre en el inicio del blog, porque Orsai en realidad es un blog (2004), y allí hay una frase que dice “Lo que empezó siendo un blog puede convertirse en cualquier cosa. De los textos que yo escribí en el blog edité dos  novelas y tres libros de cuentos, después lo convertimos en una revista de literatura, después en una pizzería que pasó a ser un bar y hace dos semanas inauguramos una universidad que se llama Orsai también, es una comunidad de lectores….pero para mí, en realidad, me parece que Orsai es un grupo de personas que se juntaban alrededor de un fuego a escuchar historias. Y me parece que la tecnología, todos los avances de estos últimos 10 años, impulsaron que ese grupo de gente pudiera tener la fuerza suficiente para convertir la cosa más antigua del mundo, que es un tipo contando una historia delante de un fuego, en algo muy poderoso. Me parece que sin gente no se puede hacer nada de todo esto y me parece que lo más significativo de esto es que Orsai es una comunidad de lectores que hablan la misma lengua.

D.M. -Con esto se rompe el mito editorial que sólo con dinero se pueden hacer grandes proyectos de calidad.

H.C. -Necesitamos el dinero, incluso un poco más que las revistas que salen en los kioscos. Como no tenemos ni publicidad ni distribución la revista es bastante más cara, que se yo…una revista con publicidad te sale por 4 euros y nosotros tenemos que venderla a 12. Necesitamos dinero, la diferencia está en matar los intermediarios no en el fluir económico de la revista,. En no utilizar por ejemplo al Corte Inglés, o al FNAC o a los kioscos de diarios y revistas que se llevan el 40% del precio de tapa, no utilizar la distribución mafiosa o no utilizar las herramientas del subsidio de la publicidad que hacen que el medio no sea tuyo. Sacando todo eso, por un lado se hace un trabajo mucho más divertido y relajado y por el otro lado tienes una responsabilidad mayor, pero con el lector no con Coca-cola o Telefónica.  Si el lector se va, el medio no hace falta así que nuestra responsabilidad es intentar que el medio haga falta, generar una emergencia. Nosotros apostamos por los textos larguísimos, por una calidad gráfica que también es muy costosa y todo eso hace que  nosotros necesitemos por lo menos 6000 lectores y sólo imprimimos 6000 ejemplares ya que eso nos alcanza para pagar todos los sueldos. No hay más que eso, es una ida y  vuelta, la gente nos da un cheque en blanco y nosotros les devolvemos la filtración de nuestro gusto literario y de historietas y todo eso.

D.M. -Y siempre teniendo en cuenta que fue la respuesta de los lectores (básicamente fans del blog) por saber qué era Orsai antes de que saliera, lo que inició todo el proyecto.

H.C. -Claro, la gente que empezó a comprar la revista cuando todavía no existía, cuando nadie sabía qué iba a haber dentro o qué diseño iba a tener,  esa gente confió porque durante los seis o siete años anteriores empezaron a generar esa comunidad leyendo los cuentos que yo publicaba gratuitamente en el blog. Hay una confianza que tiene ver con eso, un feedback, un ida y vuelta que mantuvimos y seguimos manteniendo desde hace mucho tiempo. A mí me parece que los procesos de los cambios editoriales que se están dando  hoy día tiene que ver con eso, con generar primero una comunidad de lectores y después sentarlos a todos y proponerles un objeto fetiche ya que ahora mismo no nos hace falta una revista en papel.

Orsai revistaD.M. -Es que a muchos nos gustan esos objetos…

H.C. -Claro, porque nosotros somos esta generación intermedia que tenemos al mismo tiempo un pie en la nostalgia y en el futuro.

D.M. –¿Tú crees que hace falta que llegue la generación cien por cien digital para que haga un verdadero cambio en el sector editorial?

H.C. – A mi me parece que tenemos, como todo el  mundo, como nuestros abuelos…yo a veces veo a gente viejita que todavía usa sombrero y…puede que nosotros seamos esos viejitos que aún lean en papel. Nuestros hijos, nuestros nietos nos pensarán eso de nosotros. El sombrero se murió como cuestión social e imagino que al papel le pasará lo mismo. Me imagino que el nativo digital, el de la generación de mi hija que ahora tiene 9 años, vean en un futuro con mucho cariño pero sin emoción cosas que a nosotros nos conmocionan bastante como pueda ser el olor a la tinta vieja y al papel viejo. Posiblemente a ellos nos les pase, y posiblemente también cuando ellos sean grandes, tengan un Ipad I de la misma manera que los viejitos de ahora tienen sombrero. Son todo ciclos, no tiene mayor importancia. Lo importante, me parece a mí, es que en ningún momento se pierda esa capacidad prehistórica de que haya personas explicando historias alrededor de un fuego y muchas otras escuchándolos, después el cómo…es una cosa que va dando vueltas.

D.M. –Tú que has trabajado mucho tiempo en papel, tanto en Argentina como aquí ¿Crees que este soporte y el sistema que lo sustenta se ha estancado?

H.C. – Yo creo es lo mismo que pasa cuando salís a la calle: Te encontrás con un montón de gente con la que no podrías conversar de nada, porque están viviendo en un mundo totalmente distinto. Qué sé yo, por ponerte un caso normal: Ya hace bastantes años que en casa no usamos la antena del televisor y a veces viene gente a casa, por razones X, y te empiezan a contar con nombres y apellidos las vidas de gente que supuestamente son famosas en toda España, pero nosotros no sabemos quiénes son porque la tele que miramos es otra. Pero después salís a la calle y el porcentaje de esas personas es mucho mayor que el porcentaje de la gente con las que podés compartir algo, entonces aunque haya un grupo muy grande de personas que estemos conversando entre nosotros y consumamos determinados medios o determinadas formas de ver la cultura, el periodismo y eso muchas veces nos convertimos en unos guetos que sospechamos que todo está cambiando cuando en realidad el 90 por cierto de la gente está mirando Salsa Rosa o como se llame el programa de moda hoy. El cambio es y va a ser lento. A mí me parece que hay que hablar mucho con los chicos, sobre todo lo que hay que tratar que cualquier persona menor de diez años que te cruces esté funcionando por el buen camino. Habría que hablar mucho con los profesores y maestros…me parece que es un trabajo baldosa que hemos de hacer cada uno en nuestra pequeña comunidad y desentendernos un poco de la frustración que supone saber que somos un porcentaje pequeño.

D.M. –Has hablado del blog, el bar, la revista y ahora la universidad. ¿Tenéis pensado vuestro siguiente movimiento?

H.C. – No solemos pensar mucho en pasos. Hasta ahora hemos venido reaccionando a impulsos. A veces se nos ocurren cosas que trascienden y otras a veces se quedan en el camino. No tenemos una estructura, ni siquiera mental, no tenemos suficientes neuronas como para programar. Estamos haciendo las cosas porque las sentimos así en este momento, las intentamos, las probamos. Tampoco nos importa mucho cuando no funcionan, aunque hasta ahora han ido funcionando las que más nos gustan y otras más o menos. No, no hay planteo empresarial, quiero decir, hay ese impulso de trasnoche conversada. Si en una sobremesa de trasnoche nos empiponamos con algo lo tiramos para adelante, pero no pensamos más allá de 20 minutos al futuro.

D.M. – Ya dicen que las mejores ideas salen de las charlas alrededor de un vino, o de un mate.

H.C. – O de un porro (risas). Se te abre un poco más el camino, vas de un lado al otro, te mandás cagadas gigantescas que terminan siendo buenas anécdotas, entonces tampoco importa mucho.

D.M. -Combinas tu vida entre Argentina y Catalunya ¿Estar en una tierra de nadie aporta una visión más amplia de las cosas?

H.C. – Yo creo que me aportó muchísimo al principio, los primeros diez años que fueron muy enriquecedores para mí porque me sorprendía todo: estar en otro lugar, me sorprendía mi propia tierra vista desde lejos…yo creo que después de la primera década, yo no sé si porque ha pasado el tiempo o me estoy volviendo viejo estoy menos sorpresivo y empiezo a notar las semejanzas, las tristes quiero decir, las cosas en las que nos parecemos como tener ese 90 por ciento de gente que habla de otra cosa. Tanto acá como allá, como en todas partes imagino.

En este momento me resulta más problemático que enriquecedor esta cuestión de estar con un pie en cada lado. Demasiados aviones, me aburre mucho viajar y sé que tengo que hacerlo, estoy cada pocos meses estoy volviendo a Buenos Aires. No tengo un lugar allá en donde pueda sentirme tan cómodo como acá, sin embargo allá me resulta más divertido que acá. Últimamente lo encuentro más problemático que enriquecedor.

D.M. –Ha ido evolucionando

H.C. – Yo creo que tiene que ver muy puntualmente con que cuando a mi me resultaba enriquecedor tenía 30 años y ahora tengo 42. A los 30 años hay como más frescura y ahora estoy más cansado de mi mismo.

D.M. –Cambiando el tema: Eres de los que opinan que aparte del Papa, Dios ya está en la Tierra y es argentino?

H.C. – No, yo soy muy cínico respecto al chovinismo argentino, catalán…al chovinismo en general. Posiblemente en mis primeros años acá en España, mi nostalgia me hizo ser muy chovinista y muy generador de utopías respecto a la propia tierra. Ahora lo miro con algo más de desdén, pero me sorprendió que el papa fuera latinoamericano. Porque estás acostumbrado a un sistema eclesiástico de pocos cambios a través de los siglos y entonces cuando hay un Papa que es  jesuita, latinoamericano, Papa argentino, Papa que toma mate…a mime sorprende un Papa que toma mate o sea de San Lorenzo, me sorprende la frivolidad. Pero por encima de todo eso hay unos cambios en la Iglesia que están ocurriendo y que me imagino que están bien. Sobre todo que haya un primer Papa jesuita me parece mucho más importante que el que tome mate o sea de San Lorenzo.

D.M. –Aunque haya un 90 por ciento que se fije más en eso…

H.C. – Si si, de eso también habla el cansancio de no poder hablar con todo el mundo de tener que elegir con quién hablar.

D.M. –Es sorprendente el que sea jesuita, ya que en el pasado estuvieron muy perseguidos.

H.C. – Claro y por lo pronto lo que sí es seguro es que el mensaje de la Iglesia al poner un jesuita en la cima de su jerarquía, el mensaje es de cambio. Ahora, como luego vaya evolucionando eso habrá que verlo, pero me parece que los primeros pasos que dio el Papa tienden a eso. No son más que gestos todavía, pero tienden a eso

D.M. – El primer gesto hacia los argentinos fue el acercamiento a la Presidenta en un intento de limar diferencias…

H.C. –Sí, pero en verdad eso me parece menor, quiero decir me da la impresión que cuando Juan Pablo II subió a su papado, allá en Polonia pasaron cosas que solo se enteraron los polacos y ahora parece que como manejamos el mismo idioma han trascendido un poquito lo que pasa entre Argentina y el Papa, pero no me parece que esto sea internacionalmente relevante.

D.M. – Y cómo ves la situación en Argentina? Es cierto el cambio que se está dando?

H.C. –Sí, pero ese cambio está generando el caos esperado. Es decir, en Argentina hay una polarización absoluta, pero no es política, es absolutamente social; unos egoísmos enquistados luchando contra un intento de que las cosas sean diferentes pero no desde la política, si no desde la gente. La gente está muy enojada, la gente no se habla, parientes que dejaron de llamarse por teléfono. Una cosa que hacía mucho tiempo que no pasaba y la razón de todo eso es que todo el mundo se politizó y politizarse significa decir en voz alta lo que uno piensa.

Tengo un par de amigos españoles que se han ido para allá y te dicen: “Está todo más vivo, se pueden hacer cosas, pero no lo puedo soportar” es normal para alguien que no está acostumbrado al caos cotidiano. Yo llego a Buenos Aires y respiro, a mi me encanta el caos, conozco a mi gente, sé cómo son, me divierto,…pero mi mujer (catalana) cuando va para allá abre los ojos y dice “No me lo puedo creer”.

Revista Orsai

D.M. –Y a parte de todo el trabajo con la revista, la universidad,…¿Estás preparando un nuevo libro

 H.C. –En realidad no he dejado de escribir, lo que no he hecho es literatura. Para hacer literatura necesito un despeje mental que desde hace tres años con la revista es imposible de tener. Me encantaría volver en cualquier momento pero cuando escribo un cuento me tiro tres o cuatro días tirado panza arriba pensando en ese cuento, pero pensando de una forma muy lúdica, o sea divirtiéndome de ese no hacer nada. Y es complicadísimo cuando estás dirigiendo un medio el tener tres días para estar tirado en el sofá. Entonces he dejado de escribir literatura voluntariamente, a sabiendas y no tengo la menor idea de cuándo va dejar de interesarme tanto hacer lo que estoy haciendo para volver a hacer lo otro, ahí está el asunto, que me gusta todo: esto, lo otro y aquello…voy como picoteando.

Yo creo que tres años de revista está bien, me encantaría el año que viene ponerme personalista,  más individualista y hacer una novela o un libro de cuentos lo que no tengo idea es si la propia vorágine de mis ansiedades me va a permitir hacer eso.

D.M. – ¿Qué les dirías a los escritores y editores que quieren entrar en el mundillo editorial en estos tiempos de crisis?

H.C. – Hay una sensación de crisis en el mundo tradicional y otra de puertas abiertas en el mundo que nos manejamos nosotros. Yo solamente puedo entender la crisis si quieres hacer lo de siempre, es el único lugar donde la puedo entender. No lo comparto en absoluto pero puedo entender que si alguien hoy quiere hacer otra revista femenina que vaya a kiosco, y sí va a tener problemas porque hay 18 y porque son todas horribles… entonces te dicen que hay crisis. Puede haber crisis para Luis Miguel, que vende menos discos pero para las bandas que están tocando hoy en día y saben cómo hacerlo hay más posibilidades hoy en día. Yo creo que a un pibe de 20 años que hoy en día está estudiando periodismo o letras si no tiene una cotidianidad con Internet lo va a pasar mal, aunque sea un excelente escritor o periodista, o tenga todas las inquietudes del mundo. Si no se sabe mover en los nuevos espacios, que son enormes, y riesgosos y muchas veces falsos…si no sabes buscar bien en Google la respuesta nunca será la correcta. Este es el asunto.

Yo tengo una hija de 9 años y a mí me interesa más saber cómo busca en Google que lo qué busca o sus evaluaciones escolares. Me interesa si sabe buscar bien y conoce las coordenadas de este siglo. De hecho las conoce mucho mejor que yo. Lo demás tiene que ver con el talento, con la búsqueda, la curiosidad, con cosas que no le puedes enseñar a nadie: hay algunos que serán más o menos buenos en lo que eligieron, otros serán excelentísimos y eso no tiene nada más que ver con el entorno, con el contexto. Nosotros a nuestra hija tratamos de darle todas las herramientas necesarias para que haga lo que se le antoje, incluso las herramientas por si termina eligiendo hacer algo en lo que es mediocre.

Entonces no creo que haya que asustarse, sólo hay que esperar. Esperar a que ese 90% de lo más frívolo y abyecto… se vaya muriendo y que de a poquito los que ahora tienen 6, 7 u 8 años, con chicos que vienen de 14 países donde no van a tener ni de casualidad la escoria de la discriminación de cuando éramos chicos. Mi hija va con un ruso, con un chino,…y todos son iguales, y no hay que  explicarles que son iguales si no que lo entendieron porque viven en un lugar mucho más cosmopolita. Hay que tener la esperanza de que eso, junto a la tecnología, junto a una nueva generación solidaria, que subtitule, que haga cosas lindas…en definitiva que haya menos abogados que ahora, menos árbitros de fútbol y más jugadores que antes. Que la gente en vez de estudiar lo que conviene que estudie lo que le salga del corazón, que es justamente lo contrario de lo que dijo hace poco el ministro Wert, que dijo a las jóvenes que estudien no lo que les sale del corazón si no lo que conviene.

D.M. – Y así desaparecerían las carreras de artes, letras,…

H.C. –Claro y de esta forma se duplicarían los ministros Werts y la gente que es como él, ese tipo calvo con corbatita, esa cosa asquerosa. Cuando esta gente se vaya muriendo y vayan dejando espacios de poder, dejar que los banqueros dejen de ser los dueños de la prensa y que haya un buen periodista que llegue a ser director general de un medio otra vez. Todo con naturalidad, sin hacer esfuerzos. A mí me parece que debe ser la primera vez en la historia de la Humanidad en la que el porcentaje de buenos, aunque aún sigan siendo minoría, está creciendo y el de malos, aunque sigan siendo mayoría,  está bajando. Es la primera vez que hay una cierta esperanza, a mi me parece que Internet se le escapó a la derecha. Yo creo que si en 1980 los que mandaban hubieran tenido una bola de cristal y les hubiera dicho en lo que se iba a convertir Internet hubieran cortado el cable, como hicieron con todo. Se les escapó y hay que usar esa herramienta de la forma que sea.

D.M. – Algunos lo intentan

H.C. –Pero ya no puede ser, se les escapó y ya no hay vuelta.

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